Viernes, 25 Mayo 2018 21:14

Descubriendo Nueva Venecia

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@NataliaGnecco

Viajar de Santa Marta a Barranquilla por carretera es disfrutar de manglares, aves y espejos de agua que contrastan con el fuerte oleaje del Mar Caribe y una inmensa ciénaga que evoca las historias del caño Clarín, lugar de tránsito obligado para quienes deseaban viajar del municipio de Ciénaga a la capital del Atlántico, hace muchos años cuando no había carretera, pues iban en chalupas atravesando los pueblos palafitos ubicados en mitad del complejo lagunar.

Viajar de Santa Marta a Barranquilla por carretera es disfrutar de manglares, aves y espejos de agua que contrastan con el fuerte oleaje del Mar Caribe y una inmensa ciénaga que evoca las historias del caño Clarín, lugar de tránsito obligado para quienes deseaban viajar del municipio de Ciénaga a la capital del Atlántico, hace muchos años cuando no había carretera, pues iban en chalupas atravesando los pueblos palafitos ubicados en mitad del complejo lagunar.El tiempo ha pasado convirtiendo la Ciénaga Grande de Santa Marta en un destino turístico muy apetecido.

Es así como un grupo de jóvenes liderados por Luis Schneider se lanzó a descubrir esta albufera (laguna litoral en costa baja), ubicada en el departamento del Magdalena. Un complejo lagunar que ocupa aproximadamente 4.280 km² caracterizado por una planicie que incluye un sistema de lagunas interconectadas por caños, el cual limita con el desbordamiento lateral del río Magdalena, los ríos Tucurinca, Aracataca, Fundación y una barra arenosa permeable, que permite el intercambio de flujos de agua procedentes del mar a la ciénaga y viceversa.

Javier, Hernando, Aleyda, Sofía y Luis se lanzaron muy temprano a esta aventura, salieron desde Santa Marta por tierra hasta Tasajera allí los esperaba Constancio, quien junto a su hijo Miller tienen organizado un muelle y restaurante familiar, pues llevan años transportando gente hacia las poblaciones de palafitos y se conocen las rutas seguras dentro de la ciénaga, lo cual es muy importante, porque dependiendo de la época del año la profundidad del agua puede oscilar entre 60cm ó 6mts.Luis y sus amigos se sintieron muy seguros con Miller, el patrón de yate, pues la embarcación tenía sus sillas, carpa para el sol y chalecos salvavidas. Antes de salir encargaron a la matrona de la casa un suculento almuerzo con pescado fresco, luego comenzaron a navegar y la brisa apareció como por arte de magia, acompañándolos durante la hora y treinta minutos que duró el recorrido hasta la primera población llamada Buenavista, que cuenta con 130 casas muy humildes, pero con hermosos colores que se destacan en la distancia.

Miller bajó la velocidad casi a cero para permitirles saludar a los pobladores. Los niños eran los más animados y les sonreían mientras relataban cómo los adultos se dedican por completo a la pesca dependiendo de la temporada, pues en la ciénaga se encuentra Lebranche, Bocachico, Róbalo y Mojarra plateada y el cultivo del camarón agrupa a una cantidad significativa de pescadores. Una iglesia, un centro comunal y muchas casitas complementaron el paisaje que perduraría en la mente y recuerdos del equipo.De regreso a la embarcación y luego de 15 minutos de navegación vieron en el horizonte cómo una delgada línea blanca daba paso a Nueva Venecia, una población con 3.000 habitantes y aproximadamente unas 450 casas, una iglesia, un colegio, una estación de policía, un centro comunal además de una cancha de fútbol donada porRadamel Falcao García, sin mencionar un espacio para celebrar la fiesta patronal de la Virgen del Carmen, el 16 julio.

 Schneider me relata emocionado: Miller nos contó que la iglesia de Nueva Venecia solo la abren una vez al año, así que los matrimonios, bautizos o cualquier tipo de oficio religioso se hace solo esa fecha, el 16 de julio. También nos ensenó cómo lograron hacer el colegio y la cancha de futbol en la mitad del lago: sacaron con un terraplén la tierra del agua, luego la unieron hasta formar pequeños islotes, que proporcionaron el terreno firme para poder construir”.El muelle de la esperanza

Los majestuosos y exuberantes paisajes de aves y manglares despertaron la creatividad en el grupo, quienes no dejaron de tomar fotos, hacer videos y apreciar todo lo que vieron en el camino, mientras iban descubriendo las bondades de Nueva Venecia, hasta llegar a la pintoresca casa de la señora Yolanda, líder de la comunidad, quien desde su puesto de provisiones abastece a todo el pueblo.Yolanda los recibió con bebidas refrescantes y ante la sorpresa de todos por constatar que había energía, ella les contó que tuvieron que pasar 20 largos años, de una promesa presidencial para que finalmente, por medio de un sistema subacuático se llevara el preciado servicio con el que cuentan en la actualidad. Asimismo, se enteraron sobre las organizaciones sin ánimo de lucro que apoyan los procesos para recuperar el tejido social.

Como todos se conocen en Nueva Venecia, pues son amigos, vecinos, compadres o familia, Yolanda les presentó a José Donado el concejal del pueblo, quien les confirmó cómo el turismo ha llegado poco a poco a la región para beneficiarlos y reiteró que el muelle turístico para explotar de forma sostenible este destino es una realidad. Por eso muchos de los lugareños han comenzado a pensar en el futuro adecuando sus hogares para alojamiento. 

Pero como no todo es soplar y hacer botellas, hacer viable el proyecto requiere tener en cuenta varios factores, uno de ellos es crear conciencia entre los habitantes sobre el manejo de los residuos, algo en lo que ya se está avanzando, pues existe un punto de acopio de basuras y semanalmente un bote de la costa se lleva los deshechos, algunos de los cuales se venden para reciclaje. La falta de agua potable también tiene injerencia en el desarrollo del proyecto, pues en la actualidad los turistas pueden conseguir el preciado líquido en botellas de plástico que se venden en la tienda del pueblo, pero de nuevo José explicó que hay un plan en marcha sobre potabilización del agua para beneficio de la comunidad y disminuir así los costos de la canasta familiar.

El regreso del grupo se tornó un poco agitado por las brisas provenientes del norte, pero volvieron felices, con mucha hambre para disfrutar de un delicioso menú: arroz de mariscos o pescado, patacones y con arroz con coco, todo en medio de un ambiente muy acogedor. Poco a poco la profunda herida que dejó la violencia paramilitar y la tortuosa resurrección de los manglares por la falta de entrada del agua dulce y salada a la ciénaga está cediendo para darle paso a la esperanza de un futuro prometedor en Nueva Venecia.

 

*Tiempo de recorrido: 4 horas*Valor del tour: $ 75.000 pesos U$ 27

Fotos: Luis Schneider- La Guía del Varón- el Heraldo- aldo dalmazzo

Agradecimiento: Luis Schneider

 

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