Recuerdo que cuando aún no me había graduado de bachiller, cuando ni siquiera soñaba con ser periodista, mis domingos eran obligatoriamente dedicados a leer la prensa. Las ganas de dormir me las espantaba mi papá quien sagradamente, desde las cinco de la mañana empezaba a leer a todo pulmón, los titulares y a resumir los acontecimientos publicados por El Tiempo y El Espectador, durante la semana. Eso si, como buen provinciano siempre leía en el diario El Espectador, La Carta Vallenata, columna de opinión de la tristemente célebre Consuelo Araujo Noguera.
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