“Yo siempre me disfrazo de Monocuco”. La respuesta sobre su personaje preferido salió de sus labios con tanta rapidez que en cuestión de segundos pude imaginar ese demonio artístico que se apodera del fotógrafo Samuel Tcherassi cuando sale al encuentro de quienes personifican el Carnaval de Barranquilla. Según la leyenda, el Monocuco oculta su rostro semejando aquellos hombres ricos que atraídos por la hermosura de mujeres de cortos recursos, salían a conquistarlas sin revelar su identidad. Sin embargo, Tcherassi sale de incognito para mimetizarse en la multitud y regalarnos sin pudor las dulces gotas de sudor de una cumbiambera, la inocencia de un niño disfrazado por primera vez o la sensualidad de unos labios rojos.
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