“Pintar una buena obra es como hacer bien el amor “. Las palabras del maestro Almendardes interrumpieron el silencio que reinaba en la galería Alvi-11 de Santa Marta. Su franca sonrisa reflejó de inmediato esa libertad artística que defiende a capa y espada en su lienzo, esa que a veces lo vuelve rebelde, polémico y hasta jodido como él mismo lo reconoce, pero que nunca lo aleja de su identidad: ese niño pescador y leñador que ama los atardeceres en la bahía, que contempla el lento vaivén de las canoas en la ciénaga; aquel que no fue inmune a la tragedia del Parque Salamanca y supo plasmarla en su serie Humedales, como protesta por esta tragedia ecológica.
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