Las palabras se vuelven insignificantes cuando Daniella toma un micrófono en sus manos, la flexibilidad de su caudalosa voz, sumada a su timbre personal, demuestran que posee un talento especial para endulzar cada estrofa que canta y fusionar a la perfección sus dos grandes pasiones: la lirica y el pop. Críticos, promotores, personalidades del espectáculo, periodistas y el público en general se encuentran gratamente sorprendidos con la calidad vocal de Daniella Mass quien a sus veinte años ya ha logrado alternar en escenarios con Andrea Boccelli, Il Volo y recientemente en Bogotá, con el tenor español, José Carreras, quien regresó a Colombia luego de quince años de ausencia. Carreras hizo historia en el mundo con masivos conciertos en los escenarios más cotizados, junto con Luciano Pavarotti y Plácido Domingo.
En nuestra memoria individual los recuerdos nunca mueren, se almacenan en lo profundo de nuestro ser. Sin embargo, un día cualquiera regresan, para demostrarnos que la conciencia no es tan solitaria como muchos pensamos. Prueba de ello es el proyecto Blanco Porcelana, que está enclavado en la historia personal y familiar de la artista Margarita Ariza, quien rompió las barreras del arte para incitar al público a reflexionar sobre el racismo en medio de unas condiciones de mestizaje complejas como las que vivimos en Colombia.
Es inevitable sentir un extraño escalofrío cuando Daniella Mass toma un micrófono en sus manos. La flexibilidad de su caudalosa voz, sumada a su timbre personal, demuestra que posee un talento especial para endulzar cada estrofa que canta. Sus brillantes ojos azules y su abundante cabellera roja evocan a uno de los personajes más sublimes que interpretó la actriz argentina Andrea del Bocca en los años setenta. Si la pequeña Andrea le hablaba a Dios; Daniella le canta y lo colma de alabanzas.
La identidad empieza en la infancia. Rosario Heins creció junto al mar, observando el sensual meneo de las caderas de las Palenqueras que pasaban por su casa ofreciendo frutas, con sus rostros mulatos, alegres y desprevenidos. Los pensamientos, emociones, pasiones, historias y vivencias que descubrió en estas vendedoras de la calle la inspiraron para ir en búsqueda del color, la luz y el volumen de cada fruta que pinta. Su fascinación por la figura y gestos humanos han convertido a esta colombiana radicada en Montpellier, en una artista consagrada al perfeccionamiento del arte del Caribe.
Imagínate un desayuno con “La Marimonda”, “El Burro Empijamado”, “El Monocuco”, “El Torito”, El Congo” o cualquier otro personaje del emblemático Carnaval de Barranquilla de Colombia. Todo esto en la intimidad de tu hogar, en la oficina, o en alguno de los lugares que la artista. Ana Cristina Bojanini ha conquistado gracias a su desbordante creatividad con identidad colombiana.
© 2011 Natalia Gnecoo. All Rights Reserved. Powered by Ideas Fan.