El día no podía ser mejor, nubes despejadas, un sol brillante y una leve brisa que invitaba a buscar a toda prisa un mecedor o una hamaca para ver pasar las horas sin afán. Al fondo, en la piscina de Las Marías los colores de la bandera colombiana cobraban vida reflejados en los uniformes de los Niños del Vallenato, que ante la dulce espera corrían, saltaban, gritaban o se recostaban en las sillas asoladoras, anhelando el momento de poder zambullirse en el agua.
Todos los años, el 26 de abril, se celebra el Día Mundial de la Propiedad Intelectual (P.I.) oportunidad excepcional de encuentro con quienes se interesan por este tema en todo el mundo, para hablar y demostrar cómo el sistema de P.I. contribuye al florecimiento de la música, las artes y fomenta la innovación tecnológica que va plasmando nuestro mundo.
Sus composiciones literarias van desde Vancouver hasta Fredericton pasando por Calgary, Saskatoon, Ottawa, London y Montreal, dejando a su paso la exquisitez de una lengua que evoca temas sublimes como la nostalgia de un amor perdido, hasta experiencias desafiantes como inmigrar a un país diferente al propio, sin perder la identidad.
Antes de salir el sol, el cantar de los gallos anunciaba otro caluroso día dedicado a sortear la escasez de forrajes en su finca a causa del verano. Atrás quedaron las alegres madrugadas cuando se levantaba tempranito a ver las vacas ordeñar, pues el fenómeno de El Niño de esta época del año, le ha robado ese deleite al pulmón de oro, Tomás Alfonso “Poncho” Zuleta.
El sudor que recorría su frente se deslizaba caprichosamente por su rostro, algo compungido por el esfuerzo que hacían sus dedos para mantener la cadencia en la botonera de los bajos. Una ráfaga de versos salía improvisadamente de sus labios dejando al adversario desarmado, mientras el público gozaba con las sátiras del popular viejo Mile. Allí, bajo la sombra de un viejo Cañaguate, las notas de su acordeón protagonizaban duelos titánicos que podían durar varios días al vaivén del ron y el sancocho. Luego, al caer la tarde afloraban las más inverosímiles anécdotas que hoy engrandecen la historia de la música vallenata.
“El truco del buen vestir radica en destacar cualidades y ocultar defectos”. Con estas palabras Lupe Vergara, propietaria de Biseberza abre las puertas de su reconocida boutique en Bogotá, donde asesora en moda e imagen a presentadoras de televisión, artistas, periodistas, reinas de belleza, grandes ejecutivas, clientas de todos los rincones de Colombia e incluso amigas que confían plenamente en su experiencia y buen gusto.
En una industria gastronómica como la de Bogotá, en donde cada día amanecemos con una propuesta nueva, encontrar un restaurante que se aferre a la tradición culinaria, sin artificios, ni extrañas fusiones es un tesoro y así es Chambakú, tan sabroso y autentico como un porro sabanero. Sus comienzos se remontan al 2004 cuando a un cartagenero se le ocurrió ofrecer una propuesta netamente costeña, luego por asares de la vida, lo heredó un monteriano quien curiosamente nació en un barrio que lleva el mismo nombre, una excusa perfecta para conservar el mismo sello.
Los amantes de la saga de El Padrino, la famosa película dirigida por Francis Ford Coppola podrían estar hoy esperanzados en una nueva versión cinematográfica, producto de una realidad que agobia hoy a Canadá. El libreto incluiría carrusel de contratos con porcentajes a la Mafia siciliana en Montreal, crímenes, desapariciones, secuestros, lavado de activos, sobornos e infiltraciones de la temible Ndrangheta en el territorio canadiense.
Las carpas del Circo del Sol le dan un toque de misterio al Viejo Puerto de Montreal, la expectativa aumenta al tiempo que la imaginación se recrea con la fantasía, la magia, la música y todos los personajes del mundo cirquense, que esta vez se dan cita en “Kooza”, el nuevo espectáculo del reconocido Cirque du Soleil (Circo del Sol). A la entrada de su toldo principal un ingrediente adicional se asoma, es la bandera de Colombia, que por primera vez está como huésped de honor.
Las palabras se vuelven insignificantes cuando Daniella toma un micrófono en sus manos, la flexibilidad de su caudalosa voz, sumada a su timbre personal, demuestran que posee un talento especial para endulzar cada estrofa que canta y fusionar a la perfección sus dos grandes pasiones: la lirica y el pop. Críticos, promotores, personalidades del espectáculo, periodistas y el público en general se encuentran gratamente sorprendidos con la calidad vocal de Daniella Mass quien a sus veinte años ya ha logrado alternar en escenarios con Andrea Boccelli, Il Volo y recientemente en Bogotá, con el tenor español, José Carreras, quien regresó a Colombia luego de quince años de ausencia. Carreras hizo historia en el mundo con masivos conciertos en los escenarios más cotizados, junto con Luciano Pavarotti y Plácido Domingo.
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