Mi encuentro con Luís Alberto Ortiz Valencia fue por azar, simplemente era el único asiento desocupado. Lo gracioso es que nunca pensé que de responder algunas preguntas de manera tajante, pasaría a interesarme tanto por su vida y que su relato me fuera a conmover hasta las lágrimas.
Su voz pausada, pero con buena entonación lo convierten en un excelente conversador, es sencillo, atento, además un lector empedernido, que ama la poesía, el arte la música y por supuesto el arte de gobernar. “Abandoné mi país por persecución política, no fui valorado como líder en Manizales, Caldas, recibí amenazas de muerte de parte de la misma clase dirigente de los partidos tradicionales y lamentablemente en Colombia si eres una persona que tienes unos ideales, eso se convierte en tu peor enemigo.
Luís abogado de profesión, demostró sus dotes de líder desde muy joven, en el colegio, en la universidad, incluso fue monaguillo y hasta Boy Scout. “Comencé como secretario de una inspección de policía, fui profesor de matemáticas y religión en una escuela popular de Manizales, luego me convertí en oficial escribiente de la Inspección, fui personero de la vigilancia administrativa de la ciudad, en donde era encargado de dotar las casas de albergo y ayudar a los menos favorecidos. Trabajé como personero de Manizales y luego me llamaron para ocupar la Dirección del Trabajo de Caldas, cuando era el Ministro Rodrigo Marín Bernal, manejaba las relaciones laborales con el departamento, debí lidiar con huelgas de sindicatos y recuerdo una en especial con miembros de la Beneficencia, quienes estaban reunidos en una iglesia y al tratar de hablarles me exigieron una solución para dejarme en libertad. Me comprometí con ellos, les cumplí y a los ocho días firmamos la convención colectiva, evitando así una huelga tremenda.
Luego fui Director de Tránsito de Manizales, cuando ni siquiera sabía conducir, recuerdo que ese día iba en un bus y escuché la noticia que el alcalde Giraldo Ángel me había nombrado en su gabinete, casualmente presencié un accidente de tránsito y eso me hizo pensar en la urgencia de tener semáforos en Manizales. Así nació mi idea de trabajar por la semaforización, muchos se reían de mi pero hice los estudios, llame a la Phillis a Holanda, a la Simmens en Alemana, a mi no me daba miedo llamar al que fuera”.
Vi la necesidad de crear las zonas peatonales y escolares en Manizales, que se convirtió en la segunda ciudad en Colombia en respetar al peatón como ser humano, incluso creamos vías solo peatonales. Además Fui alcalde de Manzanares y Marquetalia dos municipios de Caldas, fundé la Casa de ancianos, una experiencia que me maduró mucho, pues me despertó el amor por los demás”.
Luís era liberal de esos del trapo rojo, agitador, por eso conserva como un tesoro sus fotos con Luís Carlos Galán, pues fue presidente de las Juventudes Liberales Galanistas. Como si fuera poco un día siendo estudiante le escribió al General Torrijos en Panamá, porque quería conocer el Canal y la situación de ese país, su petición fue atendida y el avión presidencial lo recogió en Pereira junto con sus compañeros, dándole la gran oportunidad de visitar Colón y conocer de cerca de a un líder, que tenía sangre colombiana.
Sin embargo, su pesadilla comenzó cuando unos amigos le sugirieron que se lanzara a la Alcaldía de Manizales, pues eso cayó muy mal en la clase política tradicional, que no se explicaban cómo un joven de veintiocho años, sin apellidos rutilantes, quería aspirar tanto. Con pesar recuerda que se lanzó primero al Concejo donde obtuvo cuatrocientos votos de los ochocientos requeridos, porque lo líderes comunales después de darle su apoyo, sucumbieron ante el soborno de sus enemigos políticos.
“Después de eso sentí la persecución. Trabajaba en mi oficina de abogados con Oscar Ramírez Fandiño que fue Secretario de Hacienda del Departamento y lo mataron, las amenazas iban aumentando y a mi círculo de amigos más cercanos los fueron asesinando como sucedió con Alberto Buitrago Caicedo, quien a pesar de ser conservador, era mi amigo, yo era su asesor, e igual suerte tuvo mi amiga la diputada Pilar Vallejo de Hoyos, en medio de esa angustia y zozobra tuve que salir del país.
EL TRASNOCHO AMERICANO.
Con una sonrisa un tanto sarcástica Luís recuerda que cuando llegó por primera vez a Miami pensó que lo iba a recibir el Presidente de Estados Unidos, pero su primer trabajo fue hacer limpieza. “Creí que los dólares los encantaría en el piso, pero es muy duro, fue un cambio muy dramático pasar de doctor, de líder, con mi oficina y personas a mi cargo, de vivir en medio de la dialéctica, a convivir con mexicanos de baja escolaridad, sin modales, trabajando como esclavos. Pero como decía Cochice Rodríguez, en Colombia la gente no se muere de cáncer si no de envidia, la envidia me mató mis sueños y mi carrera política.
Luego me fui a Nueva York a empacar flores, me ganaba como 160 dólares. Recuerdo que me gustaba ir al mercado de las pulgas y como la gente compraba muchas cosas, se me ocurrió pedir permiso para tener mi puesto y con la primera venta gané 200 dólares, entonces renuncié y hasta me compré dos camionetas.
Pero en una navidad, no tenía nada para vender y escuché que el muro de Berlín había sido derrumbado, como vivía cerca de una construcción, entonces cogí unos pedazos de piedra los envejecí, ya era experto porque trabajaba con antigüedades y los vendí como si fueran pedazos del famoso muro. Me documenté mucho, aprendí incluso palabras en alemán y al final yo me aterraba porque pensaba en la fe de muchos hombres, es como si un judío comprara una piedra porque creyera que es parte del muro de los lamentos. Yo estaba convencido que había presenciado la caída se semejante monumento y por eso gané dinero. Después en un garaje le compré unas piedras raras a un geólogo y las vendí como piedras lunares, a toda hora le inventaba a la gente esta es de Marte, de Júpiter y así con esa carreta vendía. En otra ocasión, le ofrecí a un profesor, antropólogo de la Universidad de Rutgers en New Jersey, una cuchara antigua y le dije que era una pieza empleada por los guerreros Zulú, una tribu de caníbales del África, para sus rituales, ese hombre quedó tan fascinado, que me la compró y me invitó a su clase, así terminé en la Universidad, dictando una conferencia sobre los Zulú, compartiendo mi muy documentado relato, con sus alumnos.
A pesar de convertirse tiempo después en Jefe de Calidad de Crest en New Jersey, Luis nunca pidió refugio en Estados Unidos y agrega sin tapujos: “Estados Unidos es un país en guerra, muchos colombianos duran hasta seis años, les dan permiso para trabajar, un seguro social y luego les niegan su asilo y los deportan. Luché mucho por el con el TPS, Estatus de Protección Temporal, tanto el ex presidente Pastrana como su homólogo, Uribe lo han requerido pero es una iniciativa que no ha sido bien recibida en el Congreso, y desafortunadamente, el ex Presidente Pastrana afirmó que el único perseguido político era él, que en Colombia no pasaba nada y eso nos enterró”.
SUEÑO CON VOLVER A COLOMBIA
A finales del 2004, Luís decide refugiarse en Canadá, guiado como lo dijo en su audiencia por una revelación que tuvo, porque sintió que Dios le dijo que volviera a Canadá, un país que visitó a los quince años y en donde oró a la Virgen en la catedral de Notre Dame, para que lo trajera de regreso. Pospuso dos veces su audiencia porque lo operaron de la cadera y cuando por fin se presentó su intervención fue corta, relató todos los hechos y enseñó todas sus pruebas. “Dicen que el Comisario nunca le da la mano a nadie, pero a mi sí y me dijo: “Bienvenido al Canadá, su historia es muy buena, escriba un libro”.
Esas palabras fueron proféticas porque Luís está escribiendo su historia. “Mi libro se va a llamar “Mi Refugio’, porque no solo es mi refugio político, sino también espiritual, ahora tengo mucha fortaleza interior y esa fuerza humana represada para dar el último jalón a la carreta de la vida, porque la vida es una carreta y hay que jalarla hasta el final.
Por eso le digo a la gente que persista, si una gotica de agua rompe una roca, la voluntad y la fe rompen barreras, mueven montañas, los sueños siempre se realizan, no solo los materiales como ganar una lotería o tener un gran trabajo, porque uno se realiza de verdad cuando tiene una experiencia espiritual acumulada en grandes experiencias, grandes sacrificios, grandes ausencias y bellas soledades como la que estoy viviendo yo ahora”. Su voz se quiebra y sus ojos se humedecen pero respirando profundamente concluye: “En estos momentos mi gran esposa es la soledad… Ella no me pide vestidos, no me regaña, no me pone cachos, es la mejor compañera, esta mujer me recibe en sus brazos. Yo me he reencontrado conmigo mismo, con el hecho de haberme realizado en Colombia, de poder dar aún más, de creer en mis valores, mis raíces, todo con una fe entrañable en Dios. Tener esa constancia y perseverancia que algún día voy a regresar a Colombia, a dar ese amor, esa experiencia que he almacenado en el corazón… Esa es la soledad”.
Cronica publicada por Diario EL POPULAR- Toronto 2006







